Un perro mira a la luna. Cualquiera puede mirar a la luna. Pero, ¿porqué querrá un caniño plantarse toda la noche, con el cuello estirado, el hocico expentante y las orejas gachas, delante de esa luna que parece tan lejana? Me dan ganas de sentarme al lado del perro -si me lo permite- y estirar la cabeza y las piernas, para empezar a mirar, con otros ojos, la luna que compartimos con los perros, los gatos y las hormigas. No puedo saber qué espera mi compañero silencioso, si algo espera, o si sólo contempla a la luna porque no tiene más nada que hacer, porque le gusta su redondez, o simplemente porque es perro y los perros tienen manías extrañas. Creo que el perro no mira a la luna sino que yo creo -quiero creer- que lo hace. Es más probable que guste de una gata que está en lo alto de un árbol, delante de la luna, una gata negra y cruel, que lo mira desde abajo, inmóviles los dos, impacibles. El problema, querido, es que si ella quisiera bajara hasta ti, llegara hasta el pasto y con sus movimientos felinos te rondara, lenta y cautelosamente, como gata que se respete. Pero tu, no puedes subir hasta ella, eres perro fiel, de casa, de los que recogen el periódico, can, Odi en su versión más grotesca. ¿Cómo podrías subir hasta ella, can, cómo si tu nombre es espuma delante del misterio de acero de la gata? No puedes Odi, por razones morfo-ilógicas. Me distrae pensar a tu lado, perrito, mirarte tan concentrado, como si pensaras, cómo si pudiera hablarte, cómo si me pudieras responder un hola. Delante de la gata-luna tu y yo estamos perdidos, depronto yo un poco más que tu, porque mi oficio depende del tuyo, tanto que si te aburres de mirar y sentirte mirado, yo me voy a tener que levantar -pero sería mejor ocupar tu puesto- mirar más allá de la gata, más allá de la luna, más allá de la nada. Y allí, en la nada, en las nubes que corren, en la luz de neón de la luna, en las figuras inconstantes de las luciérnagas, poder entender cómo surge de la nada, la forma opaca que cada uno contempla abstraido, con el cuello estirado, cada vez que vuleve una excusa a la luna.
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